Las artesanías chiapanecas son el producto de la sensibilidad, la dedicación y el talento de mujeres y hombres que, dentro de la pluralidad cultural, reflejan su emoción ante la vida y la búsqueda de la belleza. Existen productos artesanales emblemáticos, como la laca que, para los chiapanecos, posee la fuerza de un símbolo integrador más allá del ámbito local del que provienen ó los textiles cuyo simbolismo va más allá de la necesidad del atuendo.

Prácticamente todas las regiones del estado poseen producción artesanal pero hay zonas señaladas por la variedad y riqueza del arte popular. Tal es el caso de los Altos, alrededor de San Cristóbal, afamado por sus textiles, su alfarería, su juguetería popular y, desde luego, por la joyería en ámbar.

Diversidad de las Artesanias

Dentro de la amplia gama de artesanías de México, la artesanía chiapaneca ocupa un lugar relevante producto de la gran diversidad de etnias que la conforman, así como de sus raíces propias que se remontan a sus antepasados Mayas y Zoques.

Los colores rojo, amarillo, azul, verde o blanco predominantemente, tienen una estrecha relación en la visión regente del cosmos, del universo y de su propia formación. Son notables también los textiles de Amatenango del Valle, Venustiano Carranza, Zinacantán, pero también hay en Bochil, Ocosingo, Chamula, Las Margaritas, y en poblados de las montañas del norte. Especial mención merecen los bordados de Chiapa de Corzo, emblema no solamente de la riqueza cultural de esa ciudad, sino ya también identificados con la esencia misma de lo chiapaneco.

Las artesanias crean un mosaico maravilloso de productos que expresan el sentir de un pueblo que conserva de forma muy arraigada sus tradiciones y que en un esfuerzo mantener vivas sus costumbres y de mejorar sus condiciones de bienestar, dan a conocer al mundo todo su arte por medio de productos que representan siglos de conocimientos y costumbres.

Arte Textil

Los textiles representan satisfactores prácticos, estéticos y rituales. La belleza, delicadeza y exclusividad de estas manufacturas se debe mayormente a las mujeres de diversas etnias, quienes fieles a sus tradiciones, desde pequeñas son adiestradas en esta hermosa labor, que en las tradiciones mayas estuvo siempre vinculada al culto a la diosa de la Luna.

Llenos de simbolismo, que hablan de parejas fundadoras, santos, animales intercesores o universos cuadrados, los textiles, realizados en telares de cintura, plagan de belleza especialmente a la región de los Altos, las tierras de tzotziles, tzeltales y tojolabales. Se pueden encontrar grandes obras textiles, esencialmente de algodón y de lana, en el uso diario, vistiendo imágenes sagradas o a la venta en puestos de las ciudades o a la vera de los caminos.

Los diseños y simbolismo varían de comunidad en comunidad. Cada detalle de la tela representa parte de un universo conceptual de raíz prehispánica. Motivos florales, zoomorfos y antropomorfos, unidos entre sí, dejan entrever la posesión de un significado especial que los hace irrepetibles y únicos. Cada prenda de Tenejapa, Chenalhó o Larráinzar lleva grabada una historia propia.

Alfarería

Cada pieza cerámica reproduce una experiencia primigenia, ya que estos objetos eran utilizados como contenedores de las semillas recolectadas y de los primeros alimentos derivados del precioso maíz. La evolución de la cerámica fue a la par de este desarrollo. Pero la maravillosa cerámica le permitió también al hombre jugar y recrear formas que lo intrigaban, tanto simbólica como estéticamente, así del barro surgen también objetos de culto. En Chiapas se pueden encontrar varios tipos de cerámica rústica quemada sin horno.

Algunos de los lugares donde se elabora la cerámica son, por ejemplo, Chamula, donde se destacan unos tamborcitos de uso ritual y los toritos de dos cabezas. En Zinacantán se fabrican algunos objetos para cocinar, comales, sartenes y ollas para cocer frijoles La más emblemática es la de Amatenango del Valle, donde las alfareras producen macetas, cántaros, pequeñas figuras de animales, entre otras cosas. Entre los zoques, destacan las grandes ollas producidas en Ocuilapa, municipio de Ocozocoautla, mientras que Cintalapa produce propuestas modernas de una artesanía ancestral.

Ámbar

Chiapas es el único productor de ámbar en México y sus pueblos lo ofrecían como tributo en la época prehispánica, el ámbar es apreciado más allá de las fronteras de Chiapas. Las manos del artesano hurgan las entrañas de la tierra en los alrededores de Simojovel, buscando el ámbar, la resina que data aproximadamente de hace 40 millones de años y que ha estado congelada durante todo ese tiempo.

Luego lo trabajan y lo entregan en forma de corazón, en gota, en ave o árbol, o en la que la imaginación inventa. La gente de Chiapas porta el ámbar y con ello porta pedazos de la historia geológica de su tierra. En él, se encierra el aliento de los ancestros, las plantas con las que convivieron los abuelos de los abuelos, las huellas del origen. Esta resina, que después de pulirla se convertirá en una hermosa joya, única por su forma, su color y su contenido. Su valor en el mercado se cotiza de acuerdo a su tamaño, color o al número de insectos y restos de plantas que en su interior se encuentren. Mediante un pulido adecuado, se elaboran cuentas para aretes, collares, anillos, prendedores y pulsos.

Algunas piezas de joyería lucen el tono clásico del ámbar, el amarillo, pero otras destacan por sus tonos rojizos, verdes y azules, que al ser combinadas con oro o plata, dan como resultado exquisitas obras de la orfebrería sancristobalense. El ámbar es una materia ideal para la escultura y en San Cristóbal encontramos escultores que realizan extraordinarias obras de arte.